- Asocapitales y la Cooperación Alemana para el Desarrollo —GIZ lanzan el proyecto City Climate Finance Gap Fund para fortalecer capacidades y estructurar portafolios de proyectos de eficiencia energética en siete ciudades capitales.
- La asociación impulsa, además, iniciativas estructurales en sostenibilidad urbana como el proyecto de cocina circular, promovido por la H. representante Julia Miranda.
Bogotá, D.C., 12 de febrero de 2026 — La transición energética en Colombia también se ejecuta de las ciudades. Hoy, 30 de las 33 ciudades capitales del país han incorporado metas, programas o proyectos de eficiencia energética o energías renovables en sus Planes de Desarrollo, consolidando una agenda territorial alineada con el Plan Nacional de Desarrollo y los compromisos climáticos nacionales.
En este contexto, la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales – Asocapitales y la GIZ lanzan oficialmente el proyecto City Climate Finance Gap Fund – Eficiencia Energética en Edificaciones Públicas, una iniciativa estratégica que permitirá fortalecer capacidades, así como estructurar portafolios de proyectos y diseñar instrumentos financieros en siete ciudades priorizadas: Armenia, Bogotá, Cali, Florencia, Ibagué, Montería y Villavicencio.
Este fondo es una asociación entre el ministerio alemán de Medio Ambiente, Protección del Clima,
Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear – BMUKN y el de Cooperación Económica y Desarrollo – BMZ, junto con el Ministerio de Medio Ambiente, Clima y Desarrollo Sostenible de Luxemburgo.
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El proyecto contempla la construcción de 35 líneas base de consumo energético y la realización de 16 auditorías energéticas y 16 estudios de prefactibilidad de energía renovable, fortaleciendo la planeación basada en datos y habilitando condiciones técnicas para acceder a inversión climática de largo plazo.
Esta iniciativa contribuye directamente al cumplimiento del artículo 237 de la Ley 2294 de 2023 (Plan Nacional de Desarrollo), que establece la obligación de realizar auditorías energéticas en edificaciones públicas y generar ahorros mínimos del 15 % en el consumo de energía frente al año anterior.
La eficiencia energética en edificaciones públicas no es únicamente una meta ambiental: es una herramienta de sostenibilidad fiscal. Los recursos liberados por la reducción del consumo energético
podrán reinvertirse fortaleciendo la estabilidad financiera de los gobiernos locales.
“La transición energética no es solo una discusión nacional. Se ejecuta en las ciudades, donde están los edificios públicos y el consumo real del Estado. La eficiencia energética es una decisión ambiental, pero también una decisión fiscal responsable”, afirmó Andrés Santamaría, director general de Asocapitales.
“Como implementadores de este proyecto, nuestra misión es acompañar a las ciudades en el fortalecimiento de sus capacidades técnicas e institucionales para avanzar en soluciones en eficiencia energética y energía renovable que generen impactos reales“, de acuerdo con Martin Dirr, director del Clúster de desarrollo urbano sostenible y energía de la GIZ El modelo impulsado por Asocapitales y la GIZ es replicable a otras ciudades del país y consolida el rol de los gobiernos locales como actores clave en la implementación de la transición energética nacional.
Economía circular y resiliencia urbana: una agenda complementaria Asocapitales impulsa, además, iniciativas estructurales en sostenibilidad urbana como el proyecto de cocina circular, promovido por la H. representante Julia Miranda y respaldado por la Asociación en el Congreso de la República. Esta propuesta parte de un enfoque de economía circular aplicado a la gestión de residuos orgánicos, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad urbana.
La iniciativa busca transformar los residuos de alimentos generados en hogares, plazas de mercado, restaurantes y comedores institucionales en insumos útiles —como compost, bioinsumos o energía— reduciendo la presión sobre rellenos sanitarios y fortaleciendo economías locales.
Desde una perspectiva país, este modelo cobra especial relevancia frente a situaciones recientes como las emergencias climáticas en Montería y Riohacha, que evidenciaron la fragilidad de los sistemas de gestión de residuos y abastecimiento. En contextos de desastre, los residuos orgánicos pueden convertirse rápidamente en un problema sanitario y ambiental; las cocinas circulares ofrecen una alternativa concreta para reducir riesgos, mejorar la resiliencia urbana y generar soluciones con impacto social inmediato.
La economía circular, liderada desde las ciudades capitales, se consolida, así como una herramienta estructural para enfrentar el cambio climático, reducir vulnerabilidades sociales y prevenir impactos
asociados a eventos extremos.
Más que iniciativas ambientales aisladas, la eficiencia energética en edificios públicos y la cocina circular hacen parte de una misma visión: modernizar el Estado desde lo local, fortalecer la sostenibilidad fiscal y acelerar la transición climática del país desde sus territorios.