Asocapitales y ONU-Hábitat reúnen aprendizajes internacionales para orientar la reconstrucción de las ciudades afectadas
- Experiencias de Siria, Chile y Ciudad de México coinciden en una lección central para Colombia: reconstruir mejor exige información confiable, reglas claras, participación comunitaria y capacidad territorial para convertir la emergencia en una oportunidad de resiliencia.
Bogotá, 1 de septiembre de 2026. Después de la atención inmediata de una emergencia, uno de los primeros desafíos para las ciudades es comprender con precisión qué ocurrió, dónde se concentran las mayores afectaciones y cuáles son las necesidades prioritarias de cada territorio.
Con ese propósito, la Asociación Colombiana de Ciudades Capitales (Asocapitales) y ONU-Hábitat realizaron el encuentro “Ciudades que se reconstruyen”, un espacio de intercambio con expertos internacionales que permitió conocer aprendizajes derivados de procesos de recuperación y reconstrucción en Siria, Chile y Ciudad de México.
El objetivo de la conversación fue claro: convertir experiencia internacional en capacidad territorial, no para trasladar modelos de manera automática, sino para identificar decisiones, instrumentos y aprendizajes que puedan ayudar a las ciudades capitales de Colombia a reconstruir mejor.
La reconstrucción empieza por la información
Desde Asocapitales se destacó que, después de la emergencia, contar con información organizada y útil es una condición básica para orientar la respuesta y la recuperación.
La Asociación ha acompañado este proceso mediante herramientas como el Radar de Afectaciones, que ya organiza más de 14.000 registros de cinco ciudades capitales, y el Banco de Necesidades y Talentos, que permite conectar capacidades profesionales con requerimientos concretos de los territorios.
“Los equipos de las ciudades han trabajado sin descanso en la recolección de información que permita tomar mejores decisiones”, destacó Andrés Santamaría, director ejecutivo de Asocapitales.
Este principio fue reforzado por Gabriella De Angelis, ex coordinadora nacional de Reducción del Riesgo de Desastres y Reconstrucción del Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile, quien compartió aprendizajes derivados del terremoto del Maule de 2010.
“La reconstrucción se materializa en el territorio, pero empieza mucho antes de que comience la obra”, señaló.
Su mensaje para las ciudades capitales fue que la primera reconstrucción es la de la información: los datos adquieren valor cuando permiten priorizar, orientar inversiones, hacer seguimiento y sostener servicios esenciales mientras avanza la recuperación.
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Siria: reconstruir también significa recuperar confianza
La experiencia de Siria mostró que los procesos de reconstrucción no son únicamente físicos.
El terremoto de 2023 golpeó ciudades que ya enfrentaban años de conflicto, desplazamiento y daños acumulados en infraestructura y servicios. En ese contexto, reconstruir también ha significado recuperar confianza, información y capacidad comunitaria.
Durante el encuentro, Hiroshi Takabayashi, de ONU-Hábitat Siria, destacó el papel de las comunidades en los procesos de recuperación.
“La participación comunitaria es una de las formas de afrontar la reconstrucción. Cuando las personas tienen acceso a información y pueden participar en las decisiones sobre su propia ciudad, dejan de ser solo beneficiarias y se convierten en agentes de cambio”, afirmó.
Para Colombia, esta experiencia deja una lección directa: la recuperación puede convertirse en una oportunidad para fortalecer la apropiación del territorio, mejorar la relación entre comunidades e instituciones y construir ciudades más resilientes.
Ciudad de México: reconstruir con reglas reduce la improvisación
Otro de los aprendizajes centrales estuvo relacionado con la necesidad de contar con reglas, responsabilidades e instrumentos definidos.
Tras el sismo del 19 de septiembre de 2017, de magnitud 7,1, Ciudad de México estructuró su proceso de recuperación mediante instrumentos específicos para organizar la reconstrucción.
Rafael Marín, de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de Ciudad de México, explicó que la ciudad avanzó con un Plan Integral para la Reconstrucción, acompañado por una ley, programas, decretos y mecanismos operativos como un tabulador de pagos para rehabilitación y reconstrucción.
Estos instrumentos permitieron establecer criterios y montos de referencia para las intervenciones y ordenar mejor las prioridades.
La experiencia deja una conclusión concreta para las ciudades colombianas: cuando la reconstrucción cuenta con un marco claro, es posible reducir la improvisación, asignar responsabilidades y acelerar la ejecución.
El territorio debe liderar la recuperación
Otro punto común entre las experiencias internacionales fue el papel de los gobiernos locales.
Aunque la Nación puede aportar recursos, asistencia técnica y lineamientos, la reconstrucción ocurre en el territorio. Son las ciudades las que organizan la recuperación, identifican prioridades, incorporan a las comunidades y convierten las inversiones en oportunidades para reducir riesgos futuros.
Este enfoque resulta especialmente importante para las ciudades capitales afectadas por el terremoto, porque sus necesidades no son homogéneas y requieren respuestas diferenciadas según el nivel de daño, las capacidades institucionales y las características de cada territorio.
Cuatro aprendizajes para las ciudades capitales
Del encuentro surgieron cuatro principios que pueden orientar las decisiones de recuperación y reconstrucción:
La información es el punto de partida: antes de intervenir, las ciudades necesitan saber con precisión qué ocurrió, dónde y con qué nivel de afectación.
La reconstrucción requiere reglas claras: planes, responsabilidades, criterios técnicos e instrumentos permiten ordenar prioridades y reducir la improvisación.
Las comunidades deben participar: la recuperación es más sostenible cuando las personas comprenden las decisiones y participan en la construcción del futuro de su ciudad.
Reconstruir debe reducir el riesgo: cada nueva inversión debe servir no solo para recuperar lo perdido, sino para disminuir vulnerabilidades futuras.
Para Asocapitales y ONU-Hábitat, reconstruir mejor no significa volver al punto anterior a la emergencia, sino aprovechar la recuperación para fortalecer capacidades, mejorar la planificación y preparar mejor a las ciudades frente a futuros eventos.
Colombia no tiene que empezar de cero. Las experiencias internacionales muestran que aprender de quienes ya recorrieron este camino puede ayudar a ahorrar tiempo, orientar mejor los recursos y tomar decisiones que protejan vidas y construyan ciudades más resilientes.